sábado, 26 de noviembre de 2016

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "LA BELLEZA DESARMADA" DE JULIÁN CARRÓN

Queridos amigos, socios y simpatizantes de ARCYP:

Pasado mañana lunes 28 de noviembre Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, vendrá a Madrid a presentar el libro La belleza desarmada.

Es un libro que contiene un juicio agudo sobre nuestro momento y puede servir en primer lugar para nuestra vida en la relación con los chicos pero también puede ser ofrecido a muchos de nuestros amigos, compañeros y gente que encontramos. 

Estoy convencida de que es una contribución riquísima para nuestro país y una ocasión única para aprender a dialogar sobre los problemas y las esperanzas de nuestros contemporáneos: en las salas de profesores emergen todo tipo de temas y aprender a dialogar nos urge. 

Por eso te animo a vengas e invites personalmente a quienes creas conveniente. El deseo de Julián es que el libro sea ocasión de aprender con otros y de verificar lo que se propone en él.


Un abrazo,

M Carmen Carron
Presidente de ARCYP

Atrevernos (a educar) con la ideología de género

Artículo de José Luis Restán



El cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrech, es uno de los mayores expertos del momento en cuestiones bioéticas. Con algo de humor podría decirse que “ha sido cocinero antes que fraile”, ya que fue médico antes de recibir la ordenación sacerdotal. Hace unos días su palabra, oída y buscada en muchos lugares, provocó un cierto respingo al apuntar desde Oxford la “necesidad de una Encíclica u otro documento magisterial para frenar el avance de la ideología de género entre los creyentes”. El cardenal holandés reconocía que el magisterio eclesial es nítido al respecto, pero en seguida advertía (con conocimiento de causa) que la presión ambiental, la intolerancia creciente y la costumbre social hacen que muchos católicos cedan poco a poco a la persuasión de la ideología de género. Una verdad evidente, que ha tenido el valor de decir en voz alta.
Evidentemente no faltan pronunciamientos episcopales de distinto tenor al respecto. Por su parte Benedicto XVI dedicó su último discurso a la Curia, en la navidad de 2012, a este desafío trascendental, con una intervención que convendría retomar y desarrollar. En cuanto a Francisco, no han faltado reiterados pronunciamientos, en términos muy contundentes, sobre la colonización ideológica que supone y el daño que provoca en nuestras sociedades. Dicho esto, tendría pleno sentido un nuevo documento magisterial de alto rango, puesto que estamos ante una materia caliente, con graves implicaciones antropológicas, éticas y culturales.
Pero el riesgo, más aún, el daño actual al pueblo cristiano que señala el cardenal Eijk, no puede combatirse sólo con una clarificación doctrinal y un discurso cultural a la altura de este desafío (que me adelanto a considerar absolutamente necesarios, también en la predicación habitual en nuestras parroquias). La respuesta, una vez más, es una educación con toda la amplitud de su significado. Hace días comentaba a un grupo de profesores, afligidos por este gran problema de nuestra época, que es relativamente sencillo encontrar materiales o expertos capaces explicar adecuadamente los diversos elementos implicados en la ideología de género. Pero es mucho más arriesgada y exigente la tarea de educar a nuestros niños y jóvenes (y a nuestros amigos y compañeros, ¿por qué no?) en el significado y valor de la diferencia sexual, en la belleza del matrimonio y de la familia. El papa Francisco ha subrayado que el testimonio de ese valor y esa belleza es la forma adecuada de abrir brecha en el muro de la ideología de género. Teniendo claro que no se puede reducir el testimonio a buen ejemplo o a complicidad afectiva; el testimonio porta consigo sus razones, que se deben desvelar con paciencia y teniendo en cuenta la situación humana, la razón y la libertad de aquel con quien nos encontramos.
La presencia cristiana está tejida siempre con hechos y palabras que se reclaman mutuamente, también en este campo que toca una fibra especialmente delicada de nuestra existencia, porque tiene que ver con nuestro deseo de felicidad, de compañía y de plenitud afectiva. Bienvenido sea ese documento auspiciado por el cardenal que puede ayudarnos de tantas formas, pero que no nos ahorrará el trabajo de la educación, del testimonio a campo abierto, del encuentro cuerpo a cuerpo con la necesidad del otro, con su búsqueda y sus extravíos.

Artículo extraído de páginasDigital.es

miércoles, 18 de marzo de 2015

Artículo de monseñor César Franco sobre el curriculum de la clase de Religión

La polémica sobre el currículum de Religión demuestra qué necesario es impartir en la escuela esta asignatura. Así, las jóvenes generaciones podrán en el futuro no sólo alardear de espíritu democrático, sino vivirlo con coherencia desde el conocimiento del hecho religioso y la capacidad de dialogar sobre él. Para ello son necesarias ideas claras y distintas. Ya decía nuestro escritor Baltasar Gracián: «Hombre sin noticia, mundo a oscuras». Por lo que toca a la Religión en la escuela, falta mucha noticia sobre su necesidad y sentido. No debe extrañarnos la oscuridad de ciertos planteamientos.
Las críticas contra el currículum van en una doble dirección. Se dice, en primer lugar, que el Gobierno actúa bajo el mandato de los obispos al publicar un currículum redactado por ellos. Tal afirmación se descalifica sola, ya que la Lomce dice: «La determinación del currículum y de los estándares de aprendizaje evaluables que permitan la comprobación del logro de los objetivos y adquisición de las competencias correspondientes a la asignatura Religión será competencia de las respectivas autoridades religiosas». No puede ser de otra manera, a no ser que el Estado se convierta en el adoctrinador de los alumnos, como pretende alguna autonomía determinando los contenidos de la asignatura. Urge recordar que la Constitución española afirma que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones» (art. 27). Es de lógica elemental que la redacción del currículum corresponda a la confesión religiosa propia de los padres.

En segundo lugar, algunas críticas al currículum lo consideran propio de la catequesis y no de la escuela. Se basan en ciertos estándares de aprendizaje evaluables que propone, como estos de Primaria: «Memoriza y reproduce fórmulas sencillas de petición y agradecimiento»; «expresa, oral y gestualmente, de forma sencilla la gratitud a Dios por su amistad». Se dice que esto es adoctrinamiento y catequesis. Memorizar textos, sin embargo, es propio del aprendizaje, si se quiere evaluar la formación. Memorizar fórmulas matemáticas, filosóficas o textos poéticos es la única forma de aprender los contenidos de una disciplina. Pero ya sabemos qué denostada ha sido la memoria. Aprender y reproducir textos de memoria no significa además que el alumno haga suyos sus contenidos, pertenezcan a la disciplina que sea. Esto es sencillamente aprendizaje y cultura. Y la Religión católica es parte fundamental de la cultura universal. El socialista francés Jean Jaurès, sin profesar la fe católica, matriculó a su hijo en clase de Religión y le argumentaba así: «¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las que todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a decir un disparate?»; y añadía: «La religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a cierta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras».
En cuanto a expresar, «oral y gestualmente, de forma sencilla la gratitud a Dios por su amistad» no significa obligar a rezar, aunque rezar –evitada toda obligación– tampoco es un atropello a la libertad, en aulas cuyos alumnos profesan la fe católica, o cualquier otra. ¿No comparten otras experiencias? ¿Es rechazable que el alumno exprese cómo reza? Resulta chocante que se critique este estándar de aprendizaje en una pedagogía moderna que recurre a la escenificación como método sin obligar al alumno a que asuma como propio el contenido de lo representado mediante palabras o expresiones corporales. ¿Es inducir a creer o a rezar, para evaluar si un alumno sabe qué es la oración de súplica, pedir que componga o recite una? ¿ O es que representar con gestos la pasión de la ira convierte al alumno en un ser airado? ¿ Cómo educarlos entonces a disfrutar del teatro? Seamos serios. No confundamos métodos de evaluación con adoctrinamiento. Que este pueda darse es obvio, si el profesor carece de rectitud y olvida su función, como se puede adoctrinar ideológicamente desde otras disciplinas –dígase la historia, la literatura, la filosofía– si los estándares de evaluación se utilizan de modo interesado y manipulador de las conciencias.
No hay que olvidar además que, cuando los padres solicitan la enseñanza de la Religión, saben que ayudará al crecimiento de la fe de sus hijos, porque el conocimiento y la apertura a la verdad conducen a la valoración y amor de lo que se conoce. El Papa Francisco afirma que «la educación y la catequesis están al servicio de este crecimiento», que es –referido a los cristianos– la filiación divina del hombre ( EG 163). En resumen, sólo una interpretación aséptica de la enseñanza, en la que lo racional y lo afectivo se separan indebidamente, puede justificar algunas críticas al currículum. Otras, como la ausencia de ciertos temas, se habrían evitado si el horario no se hubiera reducido drásticamente. Los profesores sabrán suplirlo, pues competencia tienen.
En el fondo de la cuestión está el prejuicio de que la Religión pertenece al ámbito de la conciencia individual y no cabe en la escuela. Conviene recordar, sin embargo, que pocas realidades son tan públicas como las confesiones religiosas: templos, liturgias, arte y manifestaciones religiosas pueblan las ciudades y marcan su historia. No hay pueblo tan bárbaro que no tenga sus dioses, decía Cicerón; y Ortega y Gasset, criticando a cierto ateneísta, que presumía de haber nacido sin el prejuicio religioso, dice que «le faltaba la agudeza de nervios requerida para sentir, al punto que se entra en contacto con las cosas, esa otra vida de segundo plano que ellas tienen, su vida religiosa, su latir divino. Porque es lo cierto que, sublimando toda cosa hasta su última determinación, llega un instante en que la ciencia acaba sin acabar la cosa; este núcleo transcientífico de las cosas es su religiosidad». Muchos de los que critican el currículum rechazarán este razonamiento y defenderán una visión del hombre carente del «prejuicio religioso»; pero tal comprensión arreligiosa del hombre también es un prejuicio que no debe imponerse a quienes, en sana democracia, tienen el derecho de ser educados según las convicciones de los primeros responsables de la educación de sus hijos: los padres. Frente a este derecho, las críticas, bien o mal intencionadas, al currículum, no entran en lo que realmente está en juego: la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y la garantía que el Estado les ofrece en la Constitución española.


César Franco, Obispo de Segovia y presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.

domingo, 9 de febrero de 2014

"EL ARTE DE EDUCAR”: ENCUENTROS CON FRANCO NEMBRINI

Queridos amigos: 
Os queremos recordar un evento educativo de primer orden que tendrá lugar esta semana para que no os lo perdáis y para que invitéis a vuestros compañeros de los que luego nos acordamos cuando estamos en los encuentros, por la potencia y la persuasión con que nos mueven. 

Me refiero a la presentación del libro de Franco Nembrini, " El arte de educar" 

Sólo para hacerte presente la conveniencia de dicho encuentro, te copio un trocito del libro: 
"¿Cómo puede un profesor, mientras sube las escaleras del colegio para ir a clase, no ir expectante por esa exigencia de sus alumnos? ¿ cómo puede no estremecerse sabiendo que tiene tal alcance la espera que caracteriza a esos 30 alumnos, buenos o malos, más o menos estudiosos, más o menos difíciles (porque evidentemente hay de todo)?"

Tienes dos ocasiones para disfrutar de esta presentación de las que paso a informarte: 

"EL ARTE DE EDUCAR”: ENCUENTROS CON FRANCO NEMBRINI 
Señalamos los dos primeroencuentros que tendrán lugar en España con Franco Nembrini, autor del libro “El arte de educar”, recientemente publicado por Ediciones Encuentro:

Jueves 13 de febrero a las 20:00 horasDiálogo con Franco sobre la lectura del libro. Salón de actos del Colegio J. H. Newman. (Avda. de Guadalajara, 28, Madrid). 

Viernes 14 de febrero a las 20:30 horasPresentación del libro y encuentro con el autor. Centro Cívico la Serna. (Avda. de las Comarcas 2, Fuenlabrada).


sábado, 12 de octubre de 2013

Nembrini: "Cuanto más alta es la propuesta ideal, más son capaces de entusiasmo y de grandes sacrificios"

Franco NEMBRINI es el profesor de los sueños, aquel a quien todos los padres querrían confiar sus propios hijo. Con los ojos cerrados. Entonces sí que podrían dejar de preocuparse por las notas y por el éxito: sabrían que existe uno que sabe mostrar la belleza de la vida como aventura y del saber como interés que sirve para este viaje. No por casualidad es uno que llena los salones de jóvenes hablándoles de Dante, al igual que Dan Brown. Nosotros en Credere le habíamos elegido, enseñante de historia e italiano, rector del centro escolar " La Traccia" de Bérgamo, para ayudarnos a vivir también el inicio del año escolar con la mirada puesta en la dirección justa.

Profesor Nembrini, hay una imagen que gira por la red con el pie de foto “primer día de escuela”: cuatro chavales enfurruñados, y una madre que salta de alegría. Finalmente libre, por algunas horas durante el día. Yo no sé si soy un caso preocupante - prohibido pedir parecer a mis hijos al respecto - pero para mí es exactamente lo contrario. En verano estoy contentísima de gozar de mis hijos, y estar exenta de la tortura cotidiana, la lucha por las tareas: querría que siempre fuesen más, y estuviesen mejor hechas. Mi marido dice que no me debería ocupar. ¿Tiene razón él, como de costumbre?

Sí, al menos en parte, tiene razón él. Estoy convencido que uno de los problemas más graves de los chavales de hoy es que no tienen espacios para probarse, para arriesgar, para equivocarse. Me parece que nuestras actitudes hacia ellos están dominadas por dos sentimientos, el miedo y la desconfianza: tenemos miedo que les pueda pasar quién sabe qué, y les tenemos siempre bajo control (piensa hasta dónde han llegado los teléfonos móviles...); y pensamos que no son capaces de actuar por sí mismos, y que tienen siempre necesidad de nuestra asistencia. Y así no se estiman, no se quieren bien y todo en su entorno les confirma esta falta de estima. ¡Y después nos sorprendemos de que crecen chavales cuyas actitudes ante la vida son el miedo y la desconfianza!


Cuando he ido a retirar los libros de primaria de mi primer hijo, he pensado: estupendo, estos son los libros con los juegos de preescolar, después nos dirán dónde comprar los libros de verdad. Me parece que hoy el objetivo de la escuela es sobre todo ser simpática a los niños, no ponerles delante de desafíos comprometidos, no hacerles interrogarse. ¿Qué piensas?

Pues que es verdad. Debemos tener el coraje de afirmar que no existe otro fin de la educación que esto: acompañar a nuestros hijos a estar delante de las circunstancias como la gran ocasión dada a cada uno para descubrir la propia grandeza. La grandeza del destino bueno al que hemos sido llamados. Pero justamente lo que se ve en todos, jóvenes y adultos, es una fragilidad desconcertante. Estamos perennemente huyendo de las circunstancias, de la fatiga, del dolor, de la herida que la vida nos produce. Hasta pensar que nuestra tarea de educadores sea la de evitar a nuestros hijos estas heridas.
Así les impedimos crecer y hacerse grandes.

En 2º de la ESO a mi hijo le han dado una lección sobre el preservativo, lección que ha sido aprobada por todos los padres de la clase entre ellos nosotros: la idea es "no importa lo que hagáis, basta que no os creéis problemas, o sea enfermedades o embarazos". Y también la escuela es vista un poco así: las notas altas en la escuela son para los padres el certificado de que pueden estar tranquilos. Si existe un buen boletín de notas, todo el resto no cuenta. Pero la escuela , ¿nos dice la verdad sobre el chico?

No. Más aún, es necesario también aquí clarificar y tener el coraje de decir que la escuela (y por tanto los buenos resultados escolares) no es la meta de la vida, sino simplemente el camino. 

El ideal de la vida, tanto para nosotros como para nuestros hijos, es el de ser feliz, el de conocer la verdad, o sea, el sentido de las cosas, poderse amar de verdad a uno mismo y a los otros, sentir la utilidad del propio tiempo y la propia fatiga. Como ha recordado magníficamente el Papa Francisco a los jóvenes en Piacenza. Y esto se realiza en condiciones muy diversas, según caminos jamás iguales para todos, valorando los talentos, las pasiones, las capacidades propias de cada uno de nuestros chavales.

Tu entras en contacto con muchos padres. Desde tu punto de vista, ¿te parece que existe el riesgo de que los padres atribuyan a los resultados escolares un valor diferente del que tiene? Quizá una confirmación del propio valor como padres, una póliza de seguro sobre el éxito del hijo, un cordón de seguridad contra las dificultades de la vida?

Me parece que puede ser una terrible tentación de nosotros educadores confundir el camino con la meta, y pensar que el éxito en la escuela coincide con el cumplimiento del deseo. Pero no es así, y nuestros hijos lo saben. Tanto es verdad esto que nos acusan, quizá inconscientemente, de proponerles demasiado poco. Este me parece que sea el descubrimiento que he hecho en estos años viviendo con ellos: cuanto más alta es la propuesta ideal, más difícil el camino, más son capaces de entusiasmo y de grandes sacrificios. Como me ha escrito un estudiante (no brillante por cierto desde el punto de vista escolar) después de un concierto en el que ha tocado junto a sus compañeros y sus enseñantes, dice: "Desde esta tarde sé que Italia no se destruirá jamás. Esta tarde sobre el escenario era un hombre. Mucho más que en 100 noches de alcohol y de canutos. Ahora estoy seguro de poder dar mi contribución. Lo feo que me circunda morirá a mis pies. No me echaré atrás".

Entrevista a Franco NEMBRINI de Constanza Miriano

jueves, 11 de julio de 2013

No es fácil corregir la LOGSE, por Mari Carmen Carrón

El contexto cultural en que aparece la LOMCE no es independiente de la propia ley. Si queremos entender esta debemos asomarnos a aquel. ¿A qué mentalidad está intentando responder? ¿Consigue responder exhaustivamente a ella? Partamos de que la confusión de nuestro sistema educativo, de nuestra enseñanza tiene mucho que ver, aunque no sólo, con la LOGSE. Esta ley socialista modificó dos aspectos fundamentales respecto a la ley precedente que tenían un rasgo en común, la obligatoriedad escolar: por un lado, es obligatorio asistir a la escuela hasta los 16 años y, por otro, hasta esa edad, es obligatorio realizar el mismo recorrido con el objetivo de obtener el mismo título (principio de comprensibilidad). 

Pero si el Estado obliga a estas dos cosas, debe poder garantizar que son posibles. Si en un aspecto esencial como la educación, todos están obligados a permanecer el mismo tiempo para alcanzar un mismo resultado y con un sólo camino, habremos de concluir que lo que tenemos es un derecho garantizado por la ley: esta es la LOGSE. Y dado que un derecho hace referencia a algo que es debido de forma automática y obligatoria, es aquí donde se produce el equívoco que llevamos arrastrando 23 años en nuestra educación: confundiendo la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados y recorrido. Estando garantizado el puesto escolar para todos, lo estaría de la misma manera –automática y obligatoria–, cada uno de los pasos del recorrido: el derecho a aprobar cada examen, a pasar de curso, al título, etc.


Es el Estado quien obliga y quien debe garantizar dicho derecho. Pero el Estado que puede garantizar el derecho al puesto escolar, ¿puede garantizar que todos consigan llegar con buen éxito al destino?

Esta cultura automática y obligatoria se ha extendido desde 1990 y ha tenido consecuencias en padres, alumnos y profesores.

Los padres, algunos de los cuales se han educado ya en la LOGSE, exigen para sus hijos lo prometido: "¿por qué mi hijo no va a aprobar si es para todos?" Y habiéndonos convertido los padres en sindicalistas de nuestros hijos, pedimos que la escuela cumpla. Los alumnos, inconscientes de lo que pierden y afianzados en su derecho, dan un paso más desafiando al sistema hasta el punto de presumir de aprobar sin estudiar (¡estudiando, no tiene mérito!).

En cuanto a los profesores, ¿qué pueden hacer? La desconfianza se ha instaurado como juez: un número excesivo de suspensos, significa una sospecha de su capacidad de enseñar; y al revés. Por tanto, deben servir al sistema para garantizar que todo salga adecuadamente.
Ninguna mala voluntad; cada uno en su papel: protagonista, el Estado, que es el que garantiza, avala, certifica. Y da los medios.

Sin embargo, la realidad no ha parado de dejar en evidencia el grave error de esta confusión que se "ha cebado" más profusamente en la escuela estatal.

Pero cuanto más nítidamente se mostraban las consecuencias de dicho error más calaba la mentalidad en la sociedad. ¿Por qué? Porque sustituía a las familias en el trabajo educativo real: aportar el significado de la vida: "¿por qué merece la pena que les hayamos traído a este mundo?".

En el momento en el cual los padres hemos perdido el norte pasando de educar a nuestros hijos a ser los defensores de sus derechos, la educación es absorbida por la escuela y garantizada por el Estado en detrimento de las familias; cuya tarea parece reducirse a trabajar para darles "todo lo que yo no he tenido". Pero esto no les educa: convierte a los padres en amigos pero deja a los hijos huérfanos.

Es la cultura basada en la invasión educativa del Estado a la que los padres han cedido su mejor parte.

Pero, luchar contra esta cultura, en la que cada uno está cómodo y en su sitio, después de 23 años, no es fácil. Por tanto, pedir que en medio de una cultura así, se acepte hoy por hoy, una ley de signo absolutamente opuesto, representa una utopía con muy pocas posibilidades de éxito. Es necesario comenzar por el principio: haciendo cuentas con la raíz de esta venenosa planta y sus abundantes ramificaciones.

En este sentido, en la LOMCE, existen algunos puntos que hacen concebir esperanzas.
Son tres los aspectos que, juntos, indican una dirección justa: la autonomía de los centros, las evaluaciones externas, el anticipo de la elección por parte de los alumnos.
¿Por qué indican una dirección adecuada?

Porque estas tres propuestas devuelven el protagonismo a la sociedad.
Los padres, que quieren lo mejor para sus hijos, valorando la calidad del centro educativo al que confiar su educación deberán basarse en algunos criterios objetivos. Para lo cual, les supondrán una ayuda las evaluaciones de diagnóstico; que son una nota acerca de los centros, pero no la única. Otra es, como se desarrolla la organización interna de cada centro educativo basada en la autonomía; porque podría suceder que esta le permitiese en pocos años mejorar sustancialmente los resultados y responder mejor a las necesidades de sus alumnos que otros centros de su zona, o incluso, más lejanos. Y la tercera es que la opción anticipada del propio recorrido hará que muchos alumnos no abandonen el sistema escolar por aburrimiento.

Los centros, que quieren responder lo mejor posible al desafío del momento de crisis, necesitarán la implicación conjunta de todos los agentes y de todos los factores en función de garantizar el éxito de su quehacer.

Los chicos, que aspiran a tener un puesto de trabajo, necesitan formarse de la mejor manera posible en una escuela que realmente haga fructificar sus potencialidades.
Así se va desplazando el protagonismo del Estado y los medios, al trabajo y la creatividad de las personas; del paternalismo estatalista a una sociedad adulta que ejerce su libertad.

Es verdad, como han dicho algunos, que esta ley no es suficiente. ¡Evidentemente, que no es suficiente! Y no lo es porque apostar por desarrollar esta nueva dirección significa una alternativa tan radicalmente opuesta a la cultura LOGSE, que incluso el propio Estado debe estar dispuesto a continuar por esta arriesgada senda. Esta ley insuficiente plantea una pregunta que mira al futuro: ¿Este paso es el primero de muchos que lo completen o es el último? Sería estúpido volver atrás. Por eso, a esta tendencia conviene estar atentos de aquí en adelante.

Comprobaremos, en las futuras campañas electorales, a quién quiere cada partido dar el protagonismo en educación: si al Estado, intentando mirar atrás; o a la sociedad civil, apoyando la dinámica introducida por esta ley y favoreciendo, cada vez más decididamente, que todos los agentes sociales puedan ejercer verdaderamente su libertad. En educación, especialmente, esto constituirá una riqueza cuya consecuencia será el crecimiento del tejido social de nuestro país.

Que los propios IES, sus profesores, orientadores, equipos directivos, puedan responder a los desafíos que tienen planteados, con creatividad, interés y trabajo, permitirá a todos los actores implicados, redescubrir el valor por el que cada uno eligió esta estupenda y necesaria tarea. Por ejemplo, la autonomía en un centro público posibilitará adaptar la F.P. a las necesidades laborales del medio en que se encuentre, preparando a sus alumnos para que puedan ser los primeros en encontrar un puesto de trabajo en las empresas del entorno. Y la colaboración con centros de iniciativa social o cooperativas de profesores de la zona ayudará a generar un protagonismo y una responsabilidad independientes del Estado y no deudores de éste.

Para que esto continúe desarrollándose sólo hay una condición: que no se frene la dinámica que esta ley ha puesto en marcha: que se confíe en la capacidad y la potencia generadora de nuestra sociedad.


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