jueves, 11 de mayo de 2017

domingo, 5 de marzo de 2017

LA BELLEZA DE EDUCAR SE LLAMA MISERICORDIA: MEMORIA DE UN ENCUENTRO INOLVIDABLE



Madrid 24 de febrero.
La Asociación para la Renovación Cultural y Pedagógica (ARCYP) y el APA del colegio Newman organizan un encuentro titulado la belleza de educar se llama a misericordia.

Un gran invitado, Franco Nembrini, habla delante de un nutrido grupo de padres y educadores que casi llenaba el salón de actos del colegio Newman.

Franco comienza su exposición apuntando directamente a lo esencial del tema, dirigiendo una pregunta, ¿qué es la educación? Inmediatamente nos advierte de un peligro que tenemos todos al pensar que educar es algo que hacemos nosotros, los adultos, con los chicos porque sabemos en lo que se tienen que convertir; y para eso ponemos en acción una serie de medidas que les deben lleven a lo que nosotros hemos decidido que tienen que ser. Esto, afirma Franco sin rodeos, es la fuente de todos los equívocos.

Para profundizar en el tema nos ayuda a preguntarnos si estamos seguros de saber querer bien a nuestros hijos. Todos estamos ciertos de que no es una sospecha respecto nosotros sino la forma de hacernos caer en la cuenta de que a los chicos el mensaje que le llega muchas veces no es " ¡yo te quiero mucho!" sino "yo podría llegar a quererte mucho si tú cambiases". Claramente no es lo mismo.

Se oyen las risas de un auditorio que sigue con atención las divertidas anécdotas con las que ilustra sus juicios educativos, indicándonos que bastaría profundizar en este punto de partida para que valiera la pena este gesto.

Y nos damos cuenta que el lema del encuentro se va haciendo cada vez más claro en sus palabras, "la educación es verdadera cuando se vive como afirmación del otro tal y como es; y esto se llama misericordia, que es el perdón que precede a la culpa".  Esto supone que el chico haga una experiencia con el adulto en la que éste le comunica "yo daría la vida por ti ahora".  Porque fue así como sucedió en el origen de la relación educativa, nació gratuitamente.

Pero esto no dura. Y cuando aparecen los problemas, nosotros pensamos que hemos fallado y sin embargo, Franco nos aclara qué es entonces cuando se empieza a educar. Y, si el educador parte de una relación gratuita, no hay error o fragilidad que le pueda parar;  porque, nos insiste, "cuanto más hay que perdonar, más educa"; Y a la vez esta posición suya "hacer resurgir al chico de su fragilidad en función de este abrazo"

Las claves educativas a las que nos remite son el sentimiento de misericordia y un gran amor a la libertad.





A estas alturas del encuentro se ven caras ya verdaderamente conmovidas y agradecidas, cuando se formula la segunda pregunta: ¿cómo tener esta mirada sobre las personas que educamos?  La respuesta es que nadie da a lo que no tiene: "sólo se vive así, si se hace la experiencia de ser mirado así".

La conciencia de que somos perdonados en cada momento, por tanto, es fundamental; porque si no, en cualquier relación, y también en la educativa, "el estupor del inicio se deshace, porque se pierde la misericordia, se deja de perdonar".

Sin embargo los chicos necesitan ver adultos conscientes, ciertos de la belleza de la vida, que les permitan incluso la posibilidad ser frágiles, es decir, irse y poder volver. Si nosotros no les ofrecemos esto buscarán, el padre que necesitan, en otro sitio o serán como dice Papá Francisco una generación de huérfanos.

Sin más tiempo, el encuentro termina con una pregunta de la sala a la que Franco responde que nos conviene no confundir querer a los hijos con evitarles la fatiga y el dolor, sin esto no crecen. Pero en la educación no hay recetas son intentos, muchos de ellos, fallidos.


Por lo que hemos visto y oído podemos decir cada uno de nosotros que la belleza con la hemos sido educados se llama misericordia. Esa que le hace decir a William Shakespeare que "la misericordia cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendita; bendice al que lo da y al que lo recibe"
                                                                                                                        Mª Carmen Carrón



domingo, 12 de febrero de 2017

ENCUENTRO CON FRANCO NEMBRINI: LA BELLEZA DE EDUCAR SE LLAMA MISERICORDIA

"Lo esperaba, a ese hijo que había hecho de todo, el padre lo esperaba. ¡Qué bella es la ternura del padre!" 



¿Cómo puede un profesor, mientras sube las escaleras del colegio para ir a clase, no ir expectante por esa exigencia de sus alumnos? 
¿ cómo puede no estremecerse sabiendo que tiene tal alcance la espera que caracteriza a esos 30 alumnos, buenos o malos, más o menos estudiosos, más o menos difíciles (porque evidentemente hay de todo)?"

Franco Nembrini. " El arte de educar,  de padres a hijos


Con Franco Nembrini queremos afrontar la relación de la educación con la misericordia en un encuentro titulado: 


La belleza de educar se llama misericordia

Hubiéramos querido realizar este encuentro dentro del Año de la Misericordia pero no siendo posible no hemos querido renunciar a la pertinencia y la riqueza de hacerlo ahora. Porque sabemos cuánto depende en nuestra tarea de  educadores una relación cargada de misericordia para que los chicos aprendan. Y lo sabemos por la experiencia que tenemos de nuestro propio camino de conocimiento. 

Para preparar este encuentro te recomendamos la lectura de la intervención del Papa Francisco en la  Audiencia General del 11 de Mayo del 2016 que puedes encontrar en el siguiente enlace:



jueves, 5 de enero de 2017

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO A LOS PROFESORES


"El Sol no se apaga durante la noche, se nos oculta por un tiempo por encontrarnos «al otro lado», pero no deja de dar su luz y su calor. El docente es como el Sol. Muchos no ven su trabajo constante,  porque sus miras están en otras cosas, pero no deja de irradiar luz y calor a los educandos, aunque únicamente sabrán apreciarlo aquellos que se dignen «girarse» hacia su influjo.
Yo les invito a ustedes, profesores, a no perder los ánimos ante las dificultades y contrariedades, ante la incomprensión, la oposición, la desconsideración, la indiferencia o el rechazo de sus educandos, de sus familias y hasta de las mismas autoridades encargadas de la administración educativa. La educación es el mejor servicio que se puede prestar a la sociedad, pues es la base de toda transformación de progreso humano, tanto personal como comunitario. Este sacrificado servicio pasa desapercibido para muchos. Probablemente, ustedes no podrán ver el fruto de su labor cuando éste aparezca, pero estoy convencido de que gran parte de sus alumnos valorarán y agradecerán algún día lo sembrado ahora. No confundan nunca el éxito con la eficacia. En la vida no siempre lo eficaz es exitoso y viceversa. Tengan paciencia, mejor, esperanza. No olviden que la clave de toda obra buena está en la perseverancia y en ser conscientes del valor del trabajo bien hecho, independientemente de sus resultados inmediatos. Sean fuertes y valientes, tengan fe en ustedes y en lo que hacen. 
Que Dios les bendiga y bendiga su abnegada labor diaria, la mayoría de las veces oculta, silenciosa e inapreciada, pero siempre eficaz y valiosa"
 (Papa Francisco)

sábado, 26 de noviembre de 2016

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "LA BELLEZA DESARMADA" DE JULIÁN CARRÓN

Queridos amigos, socios y simpatizantes de ARCYP:

Pasado mañana lunes 28 de noviembre Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, vendrá a Madrid a presentar el libro La belleza desarmada.

Es un libro que contiene un juicio agudo sobre nuestro momento y puede servir en primer lugar para nuestra vida en la relación con los chicos pero también puede ser ofrecido a muchos de nuestros amigos, compañeros y gente que encontramos. 

Estoy convencida de que es una contribución riquísima para nuestro país y una ocasión única para aprender a dialogar sobre los problemas y las esperanzas de nuestros contemporáneos: en las salas de profesores emergen todo tipo de temas y aprender a dialogar nos urge. 

Por eso te animo a vengas e invites personalmente a quienes creas conveniente. El deseo de Julián es que el libro sea ocasión de aprender con otros y de verificar lo que se propone en él.


Un abrazo,

M Carmen Carron
Presidente de ARCYP

Atrevernos (a educar) con la ideología de género

Artículo de José Luis Restán



El cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrech, es uno de los mayores expertos del momento en cuestiones bioéticas. Con algo de humor podría decirse que “ha sido cocinero antes que fraile”, ya que fue médico antes de recibir la ordenación sacerdotal. Hace unos días su palabra, oída y buscada en muchos lugares, provocó un cierto respingo al apuntar desde Oxford la “necesidad de una Encíclica u otro documento magisterial para frenar el avance de la ideología de género entre los creyentes”. El cardenal holandés reconocía que el magisterio eclesial es nítido al respecto, pero en seguida advertía (con conocimiento de causa) que la presión ambiental, la intolerancia creciente y la costumbre social hacen que muchos católicos cedan poco a poco a la persuasión de la ideología de género. Una verdad evidente, que ha tenido el valor de decir en voz alta.
Evidentemente no faltan pronunciamientos episcopales de distinto tenor al respecto. Por su parte Benedicto XVI dedicó su último discurso a la Curia, en la navidad de 2012, a este desafío trascendental, con una intervención que convendría retomar y desarrollar. En cuanto a Francisco, no han faltado reiterados pronunciamientos, en términos muy contundentes, sobre la colonización ideológica que supone y el daño que provoca en nuestras sociedades. Dicho esto, tendría pleno sentido un nuevo documento magisterial de alto rango, puesto que estamos ante una materia caliente, con graves implicaciones antropológicas, éticas y culturales.
Pero el riesgo, más aún, el daño actual al pueblo cristiano que señala el cardenal Eijk, no puede combatirse sólo con una clarificación doctrinal y un discurso cultural a la altura de este desafío (que me adelanto a considerar absolutamente necesarios, también en la predicación habitual en nuestras parroquias). La respuesta, una vez más, es una educación con toda la amplitud de su significado. Hace días comentaba a un grupo de profesores, afligidos por este gran problema de nuestra época, que es relativamente sencillo encontrar materiales o expertos capaces explicar adecuadamente los diversos elementos implicados en la ideología de género. Pero es mucho más arriesgada y exigente la tarea de educar a nuestros niños y jóvenes (y a nuestros amigos y compañeros, ¿por qué no?) en el significado y valor de la diferencia sexual, en la belleza del matrimonio y de la familia. El papa Francisco ha subrayado que el testimonio de ese valor y esa belleza es la forma adecuada de abrir brecha en el muro de la ideología de género. Teniendo claro que no se puede reducir el testimonio a buen ejemplo o a complicidad afectiva; el testimonio porta consigo sus razones, que se deben desvelar con paciencia y teniendo en cuenta la situación humana, la razón y la libertad de aquel con quien nos encontramos.
La presencia cristiana está tejida siempre con hechos y palabras que se reclaman mutuamente, también en este campo que toca una fibra especialmente delicada de nuestra existencia, porque tiene que ver con nuestro deseo de felicidad, de compañía y de plenitud afectiva. Bienvenido sea ese documento auspiciado por el cardenal que puede ayudarnos de tantas formas, pero que no nos ahorrará el trabajo de la educación, del testimonio a campo abierto, del encuentro cuerpo a cuerpo con la necesidad del otro, con su búsqueda y sus extravíos.

Artículo extraído de páginasDigital.es

miércoles, 18 de marzo de 2015

Artículo de monseñor César Franco sobre el curriculum de la clase de Religión

La polémica sobre el currículum de Religión demuestra qué necesario es impartir en la escuela esta asignatura. Así, las jóvenes generaciones podrán en el futuro no sólo alardear de espíritu democrático, sino vivirlo con coherencia desde el conocimiento del hecho religioso y la capacidad de dialogar sobre él. Para ello son necesarias ideas claras y distintas. Ya decía nuestro escritor Baltasar Gracián: «Hombre sin noticia, mundo a oscuras». Por lo que toca a la Religión en la escuela, falta mucha noticia sobre su necesidad y sentido. No debe extrañarnos la oscuridad de ciertos planteamientos.
Las críticas contra el currículum van en una doble dirección. Se dice, en primer lugar, que el Gobierno actúa bajo el mandato de los obispos al publicar un currículum redactado por ellos. Tal afirmación se descalifica sola, ya que la Lomce dice: «La determinación del currículum y de los estándares de aprendizaje evaluables que permitan la comprobación del logro de los objetivos y adquisición de las competencias correspondientes a la asignatura Religión será competencia de las respectivas autoridades religiosas». No puede ser de otra manera, a no ser que el Estado se convierta en el adoctrinador de los alumnos, como pretende alguna autonomía determinando los contenidos de la asignatura. Urge recordar que la Constitución española afirma que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones» (art. 27). Es de lógica elemental que la redacción del currículum corresponda a la confesión religiosa propia de los padres.

En segundo lugar, algunas críticas al currículum lo consideran propio de la catequesis y no de la escuela. Se basan en ciertos estándares de aprendizaje evaluables que propone, como estos de Primaria: «Memoriza y reproduce fórmulas sencillas de petición y agradecimiento»; «expresa, oral y gestualmente, de forma sencilla la gratitud a Dios por su amistad». Se dice que esto es adoctrinamiento y catequesis. Memorizar textos, sin embargo, es propio del aprendizaje, si se quiere evaluar la formación. Memorizar fórmulas matemáticas, filosóficas o textos poéticos es la única forma de aprender los contenidos de una disciplina. Pero ya sabemos qué denostada ha sido la memoria. Aprender y reproducir textos de memoria no significa además que el alumno haga suyos sus contenidos, pertenezcan a la disciplina que sea. Esto es sencillamente aprendizaje y cultura. Y la Religión católica es parte fundamental de la cultura universal. El socialista francés Jean Jaurès, sin profesar la fe católica, matriculó a su hijo en clase de Religión y le argumentaba así: «¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las que todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a decir un disparate?»; y añadía: «La religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a cierta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras».
En cuanto a expresar, «oral y gestualmente, de forma sencilla la gratitud a Dios por su amistad» no significa obligar a rezar, aunque rezar –evitada toda obligación– tampoco es un atropello a la libertad, en aulas cuyos alumnos profesan la fe católica, o cualquier otra. ¿No comparten otras experiencias? ¿Es rechazable que el alumno exprese cómo reza? Resulta chocante que se critique este estándar de aprendizaje en una pedagogía moderna que recurre a la escenificación como método sin obligar al alumno a que asuma como propio el contenido de lo representado mediante palabras o expresiones corporales. ¿Es inducir a creer o a rezar, para evaluar si un alumno sabe qué es la oración de súplica, pedir que componga o recite una? ¿ O es que representar con gestos la pasión de la ira convierte al alumno en un ser airado? ¿ Cómo educarlos entonces a disfrutar del teatro? Seamos serios. No confundamos métodos de evaluación con adoctrinamiento. Que este pueda darse es obvio, si el profesor carece de rectitud y olvida su función, como se puede adoctrinar ideológicamente desde otras disciplinas –dígase la historia, la literatura, la filosofía– si los estándares de evaluación se utilizan de modo interesado y manipulador de las conciencias.
No hay que olvidar además que, cuando los padres solicitan la enseñanza de la Religión, saben que ayudará al crecimiento de la fe de sus hijos, porque el conocimiento y la apertura a la verdad conducen a la valoración y amor de lo que se conoce. El Papa Francisco afirma que «la educación y la catequesis están al servicio de este crecimiento», que es –referido a los cristianos– la filiación divina del hombre ( EG 163). En resumen, sólo una interpretación aséptica de la enseñanza, en la que lo racional y lo afectivo se separan indebidamente, puede justificar algunas críticas al currículum. Otras, como la ausencia de ciertos temas, se habrían evitado si el horario no se hubiera reducido drásticamente. Los profesores sabrán suplirlo, pues competencia tienen.
En el fondo de la cuestión está el prejuicio de que la Religión pertenece al ámbito de la conciencia individual y no cabe en la escuela. Conviene recordar, sin embargo, que pocas realidades son tan públicas como las confesiones religiosas: templos, liturgias, arte y manifestaciones religiosas pueblan las ciudades y marcan su historia. No hay pueblo tan bárbaro que no tenga sus dioses, decía Cicerón; y Ortega y Gasset, criticando a cierto ateneísta, que presumía de haber nacido sin el prejuicio religioso, dice que «le faltaba la agudeza de nervios requerida para sentir, al punto que se entra en contacto con las cosas, esa otra vida de segundo plano que ellas tienen, su vida religiosa, su latir divino. Porque es lo cierto que, sublimando toda cosa hasta su última determinación, llega un instante en que la ciencia acaba sin acabar la cosa; este núcleo transcientífico de las cosas es su religiosidad». Muchos de los que critican el currículum rechazarán este razonamiento y defenderán una visión del hombre carente del «prejuicio religioso»; pero tal comprensión arreligiosa del hombre también es un prejuicio que no debe imponerse a quienes, en sana democracia, tienen el derecho de ser educados según las convicciones de los primeros responsables de la educación de sus hijos: los padres. Frente a este derecho, las críticas, bien o mal intencionadas, al currículum, no entran en lo que realmente está en juego: la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y la garantía que el Estado les ofrece en la Constitución española.


César Franco, Obispo de Segovia y presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.